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El Padre Jaubert escribe sobre la "telepederastia"

Telepederastia: los menores indefensos

No seré yo quien, como algunos intrusos, me introduzca en la labor de la Real Academia de la Lengua para proponer que se añada en el diccionario un nuevo vocablo ni, tampoco, quien desee presentarse como filólogo. Sólo planteo un fenómeno preocupante por su generalización y aceptación social. Y es que en estos días se ha vuelto a celebrar, con la anuencia y asistencia de autoridades políticas, el “día del orgullo gay” cuando, no hace tantas semanas, la sociedad se escandalizaba de un todavía rechazado “día del orgullo pederasta”, olvidando con qué rapidez, como ocurrió con el primero, en el Occidente, se pasa del escándalo a la defensa de un mismo tema, sin que este comentario suponga que esté poniendo al mismo nivel realidades de diversa etiología, aunque ambas peligrosas para el futuro moral de una civilización que, de seguir estos derroteros, como ya acaeció con otras en el pasado, está abocada a su desaparición.
 
Ciertamente, no hay un solo día en el año que no sea de orgullo gay por el papel protagonista, y siempre positivo, que han asumido en la programación de la mayoría de los medios de comunicación social y en los proyectos de los partidos mayoritarios. Este rol impuesto, al que no se puede criticar sin que le caiga al que ose realizar un comentario negativo el peso de la desautorización y el desprecio por parte de los custodios de la “verdad oficial”, tiene como fin convencer de la bondad del ejercicio, que no sólo de la tendencia, de una forma de entender la vida que va contra el orden natural de las cosas. Y todo ello sabiendo de una audiencia de menores de edad pues la franja horaria de este tipo de propaganda ocupa, se entiende que por la posibilidad de su aparición, las veinticuatro horas de programación. No olvidemos cómo campañas parecidas fueron llevadas a cabo con temas como el aborto, hoy en día también caballo de batalla de una falsa política social para terminar imponiendo su ampliación. Si el clima social es contrario no importa, precisamente se trata de cambiarlo por los autores de la “nueva sociedad” con respecto a los cuales, no siendo inspirados por Dios que no puede ir contra su creación, no hace falta que nos preguntemos quién inspira y guía sus pensamientos.
 
En este tipo de proceso, la mentira en la propaganda ocupa un lugar privilegiado como se demostró en las cifras que se barajaban de parejas en crisis en orden a la legalización del divorcio, número de personas interesadas en abortar y, últimamente, las parejas homosexuales que deseaban casarse. Ciertamente, después de un cuarto de siglo de mentalización se cumplen las primeras previsiones: ya se ha conseguido la transformación de la sociedad.
 
Ahora bien, para la progresiva aceptación social de determinados comportamientos se ha de buscar la frase idónea paralela a la “interrupción voluntaria del embarazo” que terminó anulando la implicación moral del término aborto. La cuestión es si lo que parecía imposible en naciones cristianas, la contemplación pasiva del aborto y de las uniones gay como algo natural, se podría dar en un futuro en el triunfo de la pederastia. Ya van lanzando el nuevo eufemismo: “derechos sexuales de lo menores a estar con mayores” que comienza con la disminución de la edad de los primeros que pueden dejarse “seducir”, en la práctica sin problemas penales para los adultos seductores por una inducida aceptación del menor, sin concebir la perversión de menores como una realidad que siempre se ha dado al no tener lo suficientemente en cuenta la maleabilidad de los infantes. En un mundo tan sexualizado como el que padecemos todo es posible.
 
No hace mucho escribía en otro periódico: “Partiendo de la definición de pederastia del diccionario de la lengua española como abuso deshonesto cometido contra los niños y, en segunda acepción, sodomía podemos afirmar que abusos pederastas son, también, por extensión  la aprobación cómplice, por parte de legisladores y representados, de leyes de tal carácter, en nombre de la libertad sexual de los menores, y el asumir, sin protestar, una programación, en casi la totalidad de los medios de comunicación, en cierto modo pederasta (tele - pederastia), en cuanto que los mismos han promovido, abusando de su condición, la destrucción moral de la niñez”.
 
En este orden de cosas, delito, es mostrar a un menor películas pornográficas, pero no lo es si lo que ve y oye se emite en un medio de comunicación pues las protestas continuas de padres y asociaciones no llevan a la consideración de delincuente a nadie. Y esto es en definitiva lo que puede suceder que, mentalizando como primer paso, se estaría de forma pederasta iniciando un proceso de sodomizar, por ejemplo, a nuestros pequeños, bajo la capa protectora de que se les está enseñando a ser tolerantes, lo que en sí no es malo, cuando lo que, realmente, se consigue o se persigue es desvirtuar el equilibrio natural de la mayoría de los niños induciéndoles a pensar que una amistad con una persona del mismo sexo puede, ¿y debe?, manifestarse sexualmente. Algunos textos de la “Educación para la Ciudadanía” son buena muestra de lo afirmado. En definitiva, lo que pretenda el poder a través de los medios de comunicación a su servicio, telepederastia, y de una nueva concepción de la enseñanza, puede ser el día de mañana una horrenda realidad pues, en determinados temas, cierta actividad mediática tiene tintes de perversión de menores y, por tanto, de pederastia como sucede presentando las imágenes del “día del orgullo gay”, no aceptadas por una gran cantidad de personas con tendencia homosexual con un mínimo de conciencia, como una opción “natural” más de la vida.
 

 

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